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Jorge Edwards:
“Escribir es una imprudencia”

Emilio J. López

En esta obra, el premio Cervantes 1999 recrea la vida de su tío Joaquín Edwards Bello, un escritor “maldito, escandaloso”, devenido en ser “marginal y jugador empedernido” que se suicidó en 1967, poco antes de cumplir los 81 años.
Edwards señaló, que su tío Joaquín tenía algo de “Don Quijote” de alma intensa en ese “vivir en el todo o nada”, y apuntó que la literatura era para él "un gran juego, un juego mortal", al que se entregó enteramente.
Subrayó que la familia se refería entonces a él como “Joaquín, el inútil de Joaquín”, ya que era "mal visto" y se le tenía como un compendio de "todo lo que no había que hacer".
Joaquín fracasó con grandeza
Edwards Bello “fracasó”, añadió el Premio Nacional de Literatura (1994), de 75 años, pero su fracaso “tiene la grandeza” de los “grandes objetivos” que se propuso en “la vida, en el juego, en la literatura”.
Edwards destacó que la juventud chilena de hoy “lee a Joaquín por esa gesta quijotesca y heroica” de querer liberarse de tabúes y vetos familiares, de “chocar contra molinos de viento”.
Pero “El inútil de la familia”, además de vindicar la bohemia de este "francotirador rebelde", es todo un audaz juego literario en el que se suceden historias, biografía y autobiografía, episodios golfos y estampas de un humor de impecable inteligencia.
“La relación entre la realidad y la ficción es continua en mi novela”, comentó el autor de “El sueño de la historia” (2000), quien confiesa que escribir esta obra le ha cambiado, y le ha descubierto el gusto por escribir sobre artistas imperfectos, pero con una carga.
La sabiduría más allá de la inteligencia
Una novela sólo funciona como tal si en el autor el lector alcanza a notar una sabiduría, algo distinto de la inteligencia. A su juicio, la sabiduría es más difícil que la inteligencia, ya que propone también una sonrisa, e insistió en que en una gran novela debe existir la sonrisa y la sabiduría más allá de la inteligencia.
Para Edwards, diplomático de carrera, que estudio Derecho y Filosofía en la Universidad de Chile, el escritor asume su vocación con el convencimiento de que ética y estética no se pueden diferenciar. Es muy difícil que un tonto sea bueno, precisó el escritor; Para la bondad se necesita cierta inteligencia. Perpetrar un horrible poema es inmoral, ironizó.
En cuanto a los autores y obras con los que se siente más en deuda, Edwards destacó el libro de relatos “Dublineses”, del irlandés James Joyce (1882-1941). “Yo no sabía, cuando lo leí en mi juventud, que se podía escribir así”, recordó.
Gracias a la lectura de “Dublineses”, prosiguió Edwards, descubrí que “se podía meter esa atmósfera tan poética en un texto narrativo”, construir una novela a partir de la minuciosidad documental supeditada a la intención artística.
Al ser preguntado en qué verdades cree, Edwards se confesó “agnóstico”, alguien que apuesta por los principio razonables, la sensatez y el equilibrio, y no en las soluciones como el castrismo o el socialismo real.
Entre sus libros más conocidos destacan “Persona non grata” (1973), “Los convidados de piedra” (1978), “El origen del mundo” (1996 y “El museo de cera” (1982). EFE

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Fuera de Cuba
En 1970 Jorge Edwards fue enviado por el presidente socialista Salvador Allende a Cuba. Su llegada coincidió con el inicio de la revolución, cuando Castro empezaba a reprimir a los intelectuales que alguna vez destacó. En esta novela, Edwards relata los cuatro explosivos meses que pasó en La Habana tratando de abrir una embajada chilena y su desilusión con la revolución. Su permanencia culminó con el arresto de su amigo Heberto Padilla. Luego de este arresto, Castro dijo que escritores “burgueses”, nada tenían que hacer en Cuba y acusó a Edwards de tener una conducta hostil hacia la revolución y fue declarada “persona non grata”.


Historias que contar
Como maestro de todo tipo de crónicas, de la manera más pura y vívida están sus testimoniales. Jorge Edwards demuestra en estas historias cortas de no ficción (realizadas en el transcurso de 25 años) que su estilo es extraordinario y su habilidad para utilizar las diversas posibilidades de la literatura es innegable. En estas historias recopila el sentir de su tiempo y las situaciones dramáticas pero a la vez cómicas, de las personas de su alrededor. Leer cada uno de estos cuentos es adentrarse en una lectura deliciosa y creativa que vale la pena experimentar y sirve además como texto de aprendizaje de los interesados en la creación literaria.