“Abril rojo” revela violencia y corrupción de Perú bajo Fujimori
Roncagliolo se inspira precisamente en la pompa de la Semana Santa ayacuchana, esa celebración fastuosa, casi rayando en necrofilia, de la pasión cristiana.
Corrupción en los andes
Corre el año 2000 y recién comienza la Semana Santa cuando el fiscal Chacaltana se ve envuelto en la investigación de un crimen espantoso, un hombre calcinado hasta ser irreconocible, con huellas de kerosén por todo el cuerpo y un brazo serruchado, "como si lo hubiese atacado un dragón".
Desde un principio queda claro que el fiscal se resiste a la investigación, prefiriendo una explicación fácil y convincente para su informe, como un accidente o un incendio, para cerrar el caso sin más.
Cuando Chacaltana le pregunta rutinariamente al médico forense dónde se hubiese podido calcinar un cuerpo hasta tal grado, éste le responde que en el infierno.
Ese comienzo apunta hacia la dirección que ha de tomar la novela, un viaje acelerado hacia las pailas del infierno ayacuchano, donde más colisionaron las fuerzas oficiales del ejército y el terror de Sendero Luminoso, enfrentamientos rotundamente negados por la corrupta policía.
Narrativa que entretiene
Por la narrativa tradicional se filtran las voces de los muertos, resonando entre reportes oficiales, documentos legales y reflexiones íntimas.
Sin embargo, a pesar de esa combinación de voces que tanto recuerda a las ambiciosas novelas del "boom", Roncagliolo conoce a fondo los ingredientes que garantizan el éxito comercial de una novela en nuestros días: ritmo acelerado, trama episódica y suspensiva, humor e ironía para equilibrar la pesadez del relato, y un personaje cuyas afectaciones y manías le brindan un linaje literario por sus semejanzas a otros personajes de su tipo.
Esto no quiere decir que se trate enteramente de una novela premeditada con la mera meta de obtener un premio, que recientemente se ha visto inclinado hacia lo comercial.
Así como su personaje se resiste a indagar en la violencia que le rodea pero termina inevitablemente inmerso en ella, Roncagliolo lleva a sus lectores a penetrar en ese pasado reciente tan lleno de violencia y corrupción de su país.
Y esto lo logra precisamente por medio de ese personaje a veces gracioso, pero mayormente despreciable y, por último, lamentable, que es el fiscal Chacaltana.
Pensando en el cine
El paso acelerado de la trama, característico de este género, aquí se encuentra destacado por los acentos cinematográficos que Roncagliolo utiliza magistralmente en la novela.
Los asesinatos en serie, las sospechas de algún rol inadmisible de la Iglesia, las voces fantasmagóricas y las procesiones sangrantes de la Semana Santa, y ese apagón durante el duelo final iluminado por los destellos intermitentes de los fuegos artificiales con los cánticos del domingo de resurrección de fondo de seguro facilitarán la adaptación fílmica de la novela.
“Abril rojo” brinda una mirada honesta a la violencia, corrupción y apatía durante el gobierno de Alberto Fujimori, cuya lectura, aunque fácil, no resulta ni escapista ni perezosa sino que invita a la reflexión tanto personal como comunal./EFE.
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