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Romildo Risso
1882-1946


Romildo Risso fue un narrador y poeta gauchesco uruguayo. Parte de sus textos son conocidos por haber sido interpretados por artistas como Atahualpa Yupanqui, Santiago Chalar y alfredo Zitarrosa.
Comenzó a escribir en su juventud a la vez que integró el Club Taurino de Montevideo. A los 17 años, en 1899 comenzó a trabajar en el estado como Supernumerario de la Contaduría General de la Nación, y posteriormente como subjefe del batallón nº10 en la Guardia Nacional
En 1910 se trasladó a Argentina y se radicó en la ciudad de Rosario, donde ejerció distintos oficios entre los que se cuentan la de vendedor de lubricantes y el trabajo en la empresa "Yerbatera Argentina S.A., donde llegó a desempeñarse como gerente. Es debido a este trabajo que Risso debió viajar por varias provincias argentinas como también parte del territorio paraguayo.
Algunas de sus obras incluyen: Ñandubay, Aromo, Huaco, Hombres, Fernando Máximo, Vida Juerte, Joven Amigo, Luz y Distancias, Tiera Viva, Humo de patria, entre otras.

El aromo

Hay un aromo nacido,
En la grieta de una piedra.
Parece que la rompió,
Pa salir de adentro de ella.

Está en un alto pelao,
No tiene ni un yuyo cerca.
Viéndolo solo y florido
Tuito el monte lo envidea.

Lo miran a la distancia
Árboles y enredaderas,
Diciéndose con rencor:
Pa uno solo, cuánta tierra.
En oro le ofrece al sol
Pagar la luz que le presta.

Y como tiene de más,
Puñaos por el suelo siembra.
Salud, plata y alegría,
Tuito al aromo le suebra.

Asegún ven los demás
Dende el lugar que lo observan.
Pero hay que dir y fijarse
Cómo lo estruja la piedra.
Fijarse que es un martirio
La vida que le envidean.
En ese rajón, el árbol
Nació por su mala estrella.

Y en vez de morirse triste
Se hace flores de sus penas.
Como no tiene reparo
Todos lo vientos le pegan
Las heladas lo castigan
L’agua pasa y no se queda.

Ansina vive el aromo
Sin que ninguno lo sepa.
Con su poquito de orgullo
Porque es justo que lo tenga.

Pero con l’alma tan linda
Que no le brota una queja.
Que en vez de morirse triste
Se hace flores de sus penas.

¡Eso habrían de envidiarle
los otros si lo supieran!