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Luis Carlos López Escauriaza
1879-1950


Luis Carlos López Escauriaza nació en Cartagena de Indias el 11 de junio de 1879. Estudió en escuelas locales hasta el Bachillerato a los que añadió estudios de dibujo y pintura. Inició estudios de medicina que tuvo que abandonar con motivo de la Guerra de los Mil Días, cuando fue apresado por el ejército conservador.
Tuvo una activa carrera periodística, siendo fundador del periódico La Unión Comercial, de rápida existencia. Colaboró en diversas revistas como las literarias Líneas y Rojo y Azul, así como en los periódicos La Juventud y La Patria. Abandonado el negocio familiar vivió momentos difíciles desde el punto de vista económico. Ejerció cargos diplomáticos como Cónsul en Múnich desde 1928 y posteriormente, desde 1937, y durante siete años, en Baltimore. Falleció en su Cartagena el 30 de octubre de 1950. Su ciudad le dedicó un homenaje en la forma de un monumento que evoca su poema "A mi ciudad Nativa".
Publicó los siguientes libros de poesía: De mi Villorio (Madrid, 1908), Posturas Difíciles (Madrid, 1909), Por el Atajo (1920), Versos (1946) También parte del libro Varios a Varios (1910)en colaboración con Abraham López Penha y Manuel Cervera.
Luis Carlos López se burla de sí mismo y de los demás. En sus escritos hay un melancólico tono de desilusión ante la vida, de mirar ante todo la fragilidad pasional del hombre. Escribe poemas sobre su natal Cartagena de Indias y siente simpatía por sus personas y cosas humildes: el cura, el juez, el barbero, el bollo limpio, la batea, su abuela, la tia, etc. Escribe también sobre la flora de su ciudad: el matarratón, la guanábana, el mango, entre otros. En su mundo plástico sobresalen los colores plata, ceniza, amarillo y pardo. Pero todo se contempla a través de la ironía, como sus descripciones perfectamente pictóricas de pueblos o de su misma ciudad, vistos con un aire irónico de ilustración.

A mi Ciudad Nativa
Noble rincón de mis abuelos: nada
como evocar, cruzando callejuelas,
los tiempos de la cruz y de la espada,
del ahumado candil y las pajuelas...

Pues ya pasó, ciudad amurallada,
tu edad de folletín... Las carabelas
se fueron para siempre de tu rada...

-¡Ya no viene el aceite en botijuelas!
Fuiste heroica en los años coloniales,
cuando tus hijos, águilas caudales,
no eran una caterva de vencejos.

Mas hoy, plena de rancio desaliño,
bien puedes inspirar ese cariño
que uno les tiene a sus zapatos viejos...